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¿Universo diseñado? (16E): Eternidad en un “eterno presente” (más bien "perpetuo presente")

05.10.2026 00:00
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Terminaba el post anterior refiriéndome al “mundo inmaterial”, suponiendo que pueda existir algo así. Aunque no profundicé, sí anuncié mi intención de tratar el tema con más detalle en otro post. Hoy tocaría tratar ese tema, pero me he dado cuenta que en el post 15 comentaba la “falacia” del concepto de eternidad bajo el enfoque del tiempo como dimensión real. Dado que terminaba los párrafos dedicados a esa cuestión afirmando que “Bajo el enfoque del ‘eterno presente’ sí es posible dar contenido coherente a la idea de ‘eternidad’ ”, considero que es más conveniente tratar ese tema a fin de terminar de “replantear las preguntas desorientadoras” que vimos en el post 15.

La importancia de aclarar la idea de “eternidad”

Creo que este post es importante para comenzar a abrir la mente a otras posibles ideas de Dios al margen de las típicas imágenes antropomórficas. Además de imaginarlo como gigante barbudo, el atribuirle cualidades humanas son otras formas de antropomorfización. Concretamente, y en relación con lo que nos ocupa sobre el diseño del Universo y la realidad de lo que sea el tiempo, si te imaginas a Dios como una especie de ingeniero “ocupado todo el tiempo” en el diseño y ejecución del maravilloso Universo, estás antropomorfizando la idea de Dios. Y es que la idea de “eternidad” bajo el concepto de tiempo como dimensión real puede llevar a aberraciones conceptuales como la de un Dios relojero, o, más modernamente, un Dios ingeniero (Nota: He defendido el argumento del Universo diseñado en los primeros posts de esta serie, pero el que el Universo haya sido diseñado no implica que el Diseñador deba responder a las características de un ser humano).

Según Kant, dada la irrealidad objetiva del concepto de tiempo, y puesto que tampoco la intuición interna nos aporta algún tipo de imagen que lo represente “... tratamos de suplir este defecto por medio de analogías y representamos la sucesión del tiempo por una línea que va al infinito,…” (“Crítica de la razón pura”, § 6, apartado b). Esa infinitud de la línea imaginaria es la que también asociamos al tiempo. Pero con el inconveniente de que tampoco somos capaces de encontrar algún tipo de representación mental para la infinitud. Puedes construir frases que comuniquen la idea básica, pero no encontrarás imágenes que permitan representarla. De ahí surge la idea de eternidad, idea tan vacía como la de “la Nada” de la cual hemos tratado en los posts anteriores. En el post 15 vimos varias preguntas desorientadoras, pero la capacidad de desorientar que tiene el concepto de eternidad bajo la idea de tiempo como dimensión creo que las supera a todas con creces.

Lo cierto es que, si bajo el enfoque de tiempo como dimensión real la idea de eternidad es inimaginable, bajo el concepto del “eterno presente” más bien puede parecer “incomprensible”.  Sobre todo, mientras tengamos la mente atada a los conceptos tradicionales de tiempo como dimensión física. Pero una vez que se asimile la idea, resulta mucho más intuitiva (aunque te anticipo que no terminaré de perfilar esa idea en este post).

 

La transitoriedad de las duraciones

Para poder contraponer la idea de “eternidad” bajo el enfoque de tiempo como dimensión física con el de “eterno presente” es conveniente referirnos a “duración”, puesto que ese término podemos aplicarlo bajo cualquiera de los dos enfoques:

Bajo el enfoque del tiempo como dimensión real, la duración la entendemos como la “cantidad de dimensión tiempo” que transcurre entre dos acontecimientos. Con este enfoque, las duraciones entre acontecimientos siempre son referidas a algo que en el “sentir popular” consideramos objetivo: el transcurso de tiempo (por más que Einstein nos haya dicho que el tiempo es relativo).

Bajo el enfoque del eterno presente la duración no es más que el cúmulo de acciones sucesivas que se encadenan a lo largo del desarrollo de algún determinado  proceso existencial. Según este enfoque, las duraciones de los procesos existenciales siempre son diferentes dependiendo de la naturaleza de cada proceso (ser o entidad). Es la referencia al patrón común que nos damos los humanos para coordinar nuestras duraciones la que nos crea la ilusión de “tiempo objetivo” y duraciones equiparables. (Convendría que dieras un repaso a este post).

Centrándonos en la duración bajo el enfoque del eterno presente, no tiene ningún sentido hablar de “eternidad” según la idea habitual, puesto que sería algo así como la duración infinita de un proceso existencial perpetuo, que nunca acaba, que nunca agota su disponibilidad de energía, que nunca desgasta sus piezas componentes (sean piezas mecánicas, órganos biológicos o elementos moleculares o atómicos). Sólo podríamos referir el concepto de eternidad en su sentido de “algo infinito” a una máquina de movimiento continuo. La duración de su proceso existencial sí sería infinita, ya que el proceso funcionaría vez tras vez sin agotar su energía disponible ni desgastar sus componentes. Pero bueno, ya vimos en el post 16C que la idea de una máquina de movimiento continuo no es más que un constructo mental de imposible realidad. Las duraciones de los procesos existenciales siempre siempre están limitadas a sus características particulares y a la energía que dispongan para su desarrollo.

Así, pues, ni existe eternidad bajo el enfoque de tiempo como dimensión real (porque no existe tal dimensión), ni tampoco existe eternidad como duración infinita de algún proceso existencial que jamás agota su disponibilidad de energía ni desgasta sus componentes.

 
La eternidad como ausencia de duración

Pero existe otra forma de entender la eternidad y poderla asociar a “hipotéticos seres”, lo cuales no serían esclavos de ninguna inexistente dimensión tiempo, ni de ningún proceso que implique duración en la consecución de sus etapas. Con esta idea seguiré en el próximo post, pero antes una aclaración…

 

¿”Eterno presente” sin eternidad?

Entiendo que se pueda interpretar contradictorio el que dedique el post a refutar la idea de eternidad a la vez que enmarco la argumentación bajo lo que denomino el “eterno presente”: ¿Cómo puedo desdeñar la idea de eternidad cuando digo que el presente es eterno? Al menos referido a lo que hemos considerado en este post: infinitud, sea en la dimensión tiempo o en la duración de procesos existenciales.

Pues bien, he de aclarar que cuando se me ocurrió el término “eterno presente” fue tras darle muchas vueltas a la idea de que realmente no existe la dimensión tiempo, y, por tanto, no existe el pasado ni tampoco el futuro. Lo único que queda es el presente. Presente que no es ni un tiempo ni una duración.

 En el post 12A compartí mis dificultades para encontrar un mejor término: “Entiendo que sea muy difícil asimilar esto que digo, puesto que hablar de "eterno presente" ya es en sí contradictorio. Y ambos términos van asociados a la idea habitual de tiempo como dimensión real. Pero no encuentro, ni creo que exista, una palabra mejor para lo que he llamado "eterno presente", esa especie de explanada infinita (que no carretera) a la que aludí en el post décimo.  Recuerda: sólo presencias el presente; nunca el futuro o el pasado. Siempre el presente. Es el único asequible a tus sentidos. El pasado no existe ni existió. Es siempre en el presente que contemplas al resto de seres o entidades existentes y en el grado de desenvolvimiento de sus procesos existenciales que se corresponden con el grado de desenvolvimiento de tu proceso vital.  Y esto también afecta a los registros creados por los humanos como ayuda para las memorias, y que tanto ayudan a generar esa idea de un “pasado” real”.

Así, pues, lo que llamo “eterno presente” no es un presente que dure por siempre. Lo que dura, más bien los que duran, son los procesos. Si no existiesen los procesos materiales, no podríamos hablar de duración. No habría representación, no pasaría nada, y ningún sentido tendría hablar del presente. Cuando intenté encontrar el término más adecuado para calificar el “presente” y elegí el calificativo “eterno” quise darle el sentido de “exclusividad”: Si no existe el pasado ni el futuro, solo cabe hablar del presente, en ese sentido es “eterno” el presente, porque desbanca la posible referencia a un pasado o a un futuro.

Reflexionando mientras escribo estas líneas creo que quizás debiera haberle denominado “perpetuo presente” en lugar de “eterno presente”, pues ese calificativo no se asocia a la idea de eternidad; mientras que bien puede dar la idea de permanencia, de estar siempre y cuando deba estar: Si no existen procesos existenciales (si no existiese el Universo), no pasaría nada material y no habría duraciones, y no tendría sentido referirse a un presente. En cambio, en cuanto existe el Universo material y se desenvuelven los procesos existenciales que alberga, entonces existen duraciones y es cuando tiene sentido hablar de “el presente”, como ocasión en la que se ejecutan las secuencias de los procesos. (Esta reflexión quizás me lleve a cambiar el término en los posts en la que utilizo “eterno presente”. Por ahora sólo corregiré el título del presente post)

Vuelvo a disculparme por lo confuso de este post. Ya avisé a los inicios de esta serie que la revisión del concepto tiempo no era nada fácil de explicar ni de entender.

En el próximo post espero volver sobre la eternidad entendida al margen de dimensiones temporales o duraciones de procesos.

 

(El 04/10/2026 todos los enlaces incluidos hasta aquí estaban activos)

 

Recuerda:  Aunque no lo parezca, todos estos posts van en la línea de intentar entender cómo Dios pudo diseñar el universo “desde su eternidad”. Y, quizás, también ayude a intuir cual sea la naturaleza de la divinidad.

 

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