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¿Universo diseñado? (13C): ¿Viajes al futuro?

30.11.2025 00:00
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Continúo con los 3 "sistemas" no vistos en el post anterior que permitirían saltar al futuro. Todos inviables tecnológicamente, pero perfectamente factibles conforme a las leyes físicas que hoy día conocemos.

Aclarado ya que ni pasado ni futuro existen, por lo que es imposible viajar a ninguno de ellos, al menos queda la posibilidad de conseguir lo que he venido llamando saltos al futuro, sin posibilidad de regreso.

Y es que, en realidad, al no existir futuro, lo más que podríamos lograr es ralentizar la cadencia de nuestro proceso existencial con relación a las cadencias del resto de seres con los que quisiéramos "encontrarnos" cuando ellos ya se encuentren en fases más avanzadas de sus procesos existenciales: "ellos más envejecidos", mientras que nosotros más jóvenes o menos avanzados en nuestro proceso existencial (biológico, puesto que somos seres vivos).

Hasta hace un siglo eran impensable estas posibilidades. Ni tecnológica ni teóricamente. Fue Albert Einstein quien nos aclaró que en el inmenso universo se abren posibilidades insospechadas para los que habitamos en este planeta Tierra.

 

El trampolín de la gravedad

Según nos descubrió Einstein, el que habitemos en este planeta Tierra condiciona nuestra percepción de ese fluir de acontecimientos que llamamos tiempo. Pero no sólo condiciona la percepción. Condiciona la realidad de ese fluir, que bajo la óptica que intento transmitir, la del eterno presente, no es más que el desarrollo secuencial de nuestros procesos existenciales (biológicos para los seres vivos). Y el que esas secuencias de procesos fluyan de forma más o menos rápida depende de la gravedad a la que nos somete nuestro planeta.

Si en vez de habitar en la Tierra habitásemos en un planeta más grande, más masivo, el fluir de nuestros procesos existenciales sería más lento. Envejeceríamos más despacio. Y si, por el contrario, habitásemos en un planeta más pequeño, nuestros procesos existenciales fluirían más rápido y antes llegaríamos a viejos. Según esto, si fuese posible “gestionar” la intensidad de gravedad que nos afecta, se podría ralentizar el envejecimiento hasta conseguir los saltos al futuro que vimos dos posts más atrás.

 

Lo comprobado de la ralentización temporal por la gravedad

La ralentización de los procesos existenciales mediante el "trampolín del frío" que vimos en el post anterior es bastante intuitiva y no nos "suena" extraña. Usamos frigoríficos y congeladores para ralentizar los procesos biológicos en los alimentos, por lo que esa idea nos es familiar y pocas objeciones le encontramos. En cambio, la ralentización o aceleración de los procesos en función del potencial gravitatorio al que se encuentren sometidos no es intuitiva y nada observamos en la naturaleza que nos induzca a imaginar alteraciones en nuestros procesos existenciales.

Pero afortunadamente hoy día no es necesario viajar a otro planeta con diferente masa, y, por tanto, diferente potencial gravitatorio, para comprobar que la gravedad condiciona las cadencias de los procesos existenciales que estén bajo su influencia. Sin salir de la tierra podemos encontrarnos sometidos a potenciales gravitatorios diferentes, aunque no lo notemos en nuestro cuerpo.

La intensidad del campo gravitatorio no solo depende de las masas que los provoca. También es función de la distancia que separan los objetos masivos. En ese sentido, no es la misma intensidad gravitatoria la que te afectaría a nivel del mar, que la que sentirías a 8.849 metro de altura, en el Everest.

Difícilmente apreciarías esta diferencia de intensidad gravitatoria en tu organismo, pero los científicos han podido comprobarla y, también, la repercusión que tiene en el proceso existencial más riguroso y preciso conocido: el reloj atómico. Con ellos han podido comprobar que cuanto mayor es la intensidad gravitacional, más lento transcurre el tiempo.

¿Cómo lo han comprobado? "... observando que los relojes atómicos a diferentes altitudes y, por lo tanto, a diferentes potenciales gravitatorios, muestran tiempos diferentes".

Claro en lo que he enlazado de Wikipedia se expresan bajo una óptica escorada a la idea de que existe una dimensión llamada “tiempo que transcurre”. Yo, bajo la óptica del eterno presente  lo expreso refiriéndome a que los procesos existenciales de los relojes se ralentizan o aceleran dependiendo de la intensidad del campo gravitacional en el que se encuentre.

Se podría pensar que en el fondo se expresa de forma diferente lo que en realidad es lo mismo. Pero conceptualmente no es igual. Es diferente pensar que existe una dimensión real llamada tiempo, que pensar que lo que llamamos tiempo no es más que una entelequia irreal casi universalmente aceptada.

Paso a exponer sucintamente la propuesta de Einstein sobre la relatividad del tiempo

 

La dimensión tiempo, según Einstein

Bajo las ideas de tiempo anteriores a Einstein está claro que no tiene sentido ni explicación el que los relojes marquen tiempos diferentes dependiendo de la intensidad del potencial gravitatorio. El tiempo era una dimensión real por la que todos marchábamos siempre hacia el futuro, sin posibilidad de vuelta atrás. No se concebía que el tiempo transcurriese más rápido o más lento dependiendo de las circunstancias.

Con la llegada de Einstein se mantuvo la idea de tiempo como dimensión real, y se incorporó a lo que ya es bastante popular: una realidad compuesta de las tres dimensiones que conforman el volumen de los objetos físicos (verticalidad, horizontalidad y profundidad), más una cuarta dimensión, que podríamos llamar "temporalidad”, y que conjuntamente conforman el “espacio-tiempo”.

En ese espacio-tiempo que nos proporcionó Einstein la gravedad no se plantea como una fuerza, sino como la consecuencia de la deformación de ese espacio-tiempo. Deformación por la que están obligados todos los seres, objetos o entidades físicos a moverse; voluntariamente, y también involuntariamente. Voluntariamente lo hacen cuando deciden desplazarse por el espacio físico que incluye las 3 dimensiones física. Pero, aunque físicamente estén quietos, involuntariamente se desplazan de forma inexorable por la cuarta dimensión, que, según esta teoría, es el tiempo.

El espacio-tiempo del universo vacío de masas, como los astros, podría asemejarse a una superficie totalmente plana, con todas las líneas que lo conforman rectas, con la mínima longitud que pueda tener cada tramo.

Pero con la presencia de un objeto masivo, esa superficie plana se curva, tal como lo haría una cama elástica que soportase una bola de piedra de las que levantan los harrijasotzailes.

Por infinidad de sitios en internet se pueden ver ilustraciones que pretenden dar una idea intuitiva del espacio tiempo deformado por la presencia de alguna gran masa material que lo deforma creando depresiones que alargan las líneas que conformen el espacio-tiempo:

El penetrar o estar en alguna de esas “zonas deformadas” del espacio-tiempo modifica el transcurso del tiempo: A mayor deformación del espacio-tiempo, ralentización del tiempo. A menor deformación, aceleración del tiempo.

Nota: Ese avance más lento no lo notaria el viajero interestelar que pasase de una zona de poca gravedad a otra de mucha mayor gravedad. Imaginemos el Apolo 11, que llevó a tres astronautas hasta la luna (dos la pisaron: Neil Armstrong y Buzz Aldrin, mientras que Michael Collins quedó orbitando la luna (pilotando el módulo de mando). Supongamos que Michael Collins decidió dar un paseíto por el sistema solar mientras sus colegas trabajaban en la superficie (imaginemos también que las leyes físicas no nos estropean esta fantasía espacial). Se acercó al Sol y dio algunas vueltas orbitándole.  Pues bien, Collins no habría apreciado ninguna diferencia en el correr de las manecillas de su reloj de muñeca, ni en los latidos de su corazón. Para él, el fluir del tiempo que experimentó (su “tiempo propio”, según el argot relativista) su organismo o su consciencia no habría cambiado en esa transición de menor a mayor gravedad (la intensidad de la gravedad en el Sol es 177 veces mayor que en la Luna). Este cambio se produce de forma relativa, por comparación. Serían los colegas que quedaron en la luna los que sí apreciarían cambio en el tiempo de Collins. Observarían que se mueve más lentamente. Si pudiesen observar el reloj de Collins, verían que marcha más despacio. Si pudiesen oír sus expresiones de asombro al contemplar la grandiosidad del Sol tan de cerca, las oirían ralentizadas y distorsionadas; como si fuesen un video de YouTube reproducido al 25% de la velocidad normal.

Así, pues, vemos que según la hipótesis relativista de Einstein la influencia de la gravedad sobre el tiempo no difiere de mi propuesta del “eterno presente”:

  • Según la hipótesis relativista, a mayor intensidad gravitatoria, más se ralentiza el tiempo respecto a situaciones de menor intensidad gravitatoria.
  • Según la hipótesis del “eterno presente”, a mayor intensidad gravitatoria más se ralentiza el tiempo particular (por ralentización de los procesos existenciales) respecto a situaciones de menor intensidad gravitatoria.

Lo que difiere e importa destacar, es que la hipótesis relativista sigue manteniendo la idea del tiempo como realidad física, con todas las contradicciones que hemos visto en post anteriores. Mientras que la hipótesis del eterno presente NO considera al tiempo como una dimensión real física, evitando las incoherencias e incongruencias de las hipótesis que sustentan al tiempo como realidad física.

Seguiremos en el próximo post.

Recuerda:  Aunque no lo parezca, todos estos posts van en la línea de intentar entender cómo Dios pudo diseñar el universo “desde su eternidad”. Y, quizás, también ayude a intuir cual sea la naturaleza de la divinidad.

 

(El 29/11/2025 todos los enlaces incluidos hasta aquí estaban activos.)

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