La Biblia desde el siglo XXI

La apuesta de Pascal (2)

05.10.2020 00:00
<-- Primer post de esta serie

Volvemos sobre el cara o cruz que todos hemos de elegir en esta vida. En el post anterior vimos la argumentación que presenta Blaise Pascal para elegir “cruz”, es decir: optar por la posibilidad de que realmente Dios exista. Su conclusión es clara: Seguro que se gana, puesto que en el peor de los casos (que Dios no exista), nada se pierde.

Pero no consideramos el caso de que se opte por “cara”, es decir: elegir la opción de que Dios no existe. ¿Qué se puede perder o ganar según sea cierto o falso que Dios exista? Sobre eso meditaremos en este post.

 

Recordando las bases del “juego”: obligatoriedad y a-racionalidad

Ya vimos esas bases en el post anterior, pero es importante al menos recordar para centrar las expectativas: ni se trata de un juego en el que voluntariamente podamos optar “no jugar”, ni se trata de pesar argumentos a favor o en contra de la existencia de Dios. En este juego obligatorio lo que prima no es la racionalidad de la opción elegida, sino las consecuencias para la vida en lo que concierne a la serenidad, el sosiego, la paz interior, o la felicidad, como traduce la versión disponible de “Pensamientos” en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

 

Pérdida o ganancia para el que apuesta porque Dios no existe

En el anterior post vimos el balance de pérdida o ganancia para el que apuesta “cruz”, es decir: opta por creer que Dios existe realmente. Ocupémonos ahora de considerar el balance para el que apuesta “cara”, optando por que Dios no existe. Las consecuencias para este jugador son justo las contrarias de las que analizamos en el post anterior, es decir:

1)            Si Dios no existe, gana.

2)            Si realmente Dios existe, pierde.

Pero claro, una cosa es ganar “la tirada”, y otra cosa es el beneficio o pérdida que suponga el hecho de acertar en la jugada. Consideremos qué pueda ser esa pérdida o ganancia, según el caso:

La ganancia, caso de que Dios NO exista

Si Dios no existe, la ganancia tras la muerte para el ateo será nula, pues ni aún tendrá la ocasión de regodearse por haber acertado. Situación semejante a la del creyente, pues de no existir Dios, tampoco tendrá posibilidad de “arrepentirse” por haber creído en una fantasía irreal. Si Dios no existe, el cuerpo al hoyo, y… para de contar. Ni pérdida ni ganancia para ningún jugador en este juego de la vida.

Pero claro, esto referido a la pérdida o ganancia tras la vida física. Porque antes de que se vea el resultado de la jugada (es decir: antes de la muerte física), el ateo podrá pensar que ciertamente tiene ganancia si elige “cara” (la no existencia de Dios). No olvidemos que el ateo no cree en Dios, ni en lo sobrenatural ni en la posibilidad de permanencia de algún tipo de consciencia tras la muerte del cuerpo. Así, pues, si opta por la no existencia de Dios gana un montón de años de vida física sin sentirse constreñido por reglas de moralidad o normas religiosas. Sólo los sistemas de represión social de la delincuencia podrán constreñirle en esta vida. Aunque sólo “si le pillan”. Porque si se considera suficientemente astuto para burlarlos, tendrá libertad de hacer y deshacer lo que le venga en gana. Probablemente considere que esto es una ganancia importante, aunque no sea eterna.

La pérdida caso de que Dios sí exista

Si Dios verdaderamente existe, ¿cuál será la pérdida para el que opta por la no existencia de Dios? (Claro, esto dando por supuesto que, si Dios existe, todo eso de lo sobrenatural y de la existencia tras la muerte física no es un cuento fantasioso, sino una realidad no perceptible con los sentidos físicos).

Difícil respuesta, salvo lo que la Biblia revela, lo cual no tiene buena pinta. Y es que la Biblia, para los que “optan por Dios”, tras la vida física, presenta una existencia en armonía con la divinidad y en relación con multitud de otros que a lo largo de la historia se han decantado por la misma opción y han sido coherentes con tal decisión. En cambio, para el resto, lo que presenta la Biblia es un panorama muy desalentador. Al menos esto es lo que sugieren las “imágenes” que utiliza Jesús para describir el “estado de ánimo” de los que no acceden al reino de Dios. Si lees, por ejemplo, en Lucas 13:28, bien comprenderás que el “llanto” y “crujir de dientes” son metáforas metáfora de lo que pueda sentir una consciencia sin cuerpo físico. Y también es metafórica la imagen típica del “fuego eterno” que menciona la Biblia, puesto que un ser inmaterial no puede sentir los efectos de una combustión física. Así, pues, no me imagino cómo será ese estado de existencia fuera del ámbito de la divinidad, pero supongo que debe ser un estado muy muy desagradable.

Pero poca credibilidad tienen para un ateo las expectativas que pueda presentar la Biblia; así que intentaré una reflexión especulativa al margen de la revelación bíblica:

Si estás leyendo este post y eres ateo, haz un esfuerzo mental y supón que Dios verdaderamente existe, y que tras la vida física se mantiene algún nivel de consciencia no ligada al funcionamiento cerebral.

En este caso, tras la muerte encontrarás algún sistema, llamémosle “social”. Es de suponer que estará de alguna forma estructurado a fin de posibilitar la convivencia o coexistencia de todas las consciencias que ya han pasado el trance de la muerte física.

Es de suponer que en cuanto pases el umbral de la muerte pensarás que estás “más perdido que un pulpo en un garaje”:

Primero, por la sorpresa de que te habías equivocado, y que realmente “había algo más”.

Y luego, por la sensación de que no estás preparado para un “entorno social” tan lejano de los conceptos, criterios de actuación y hábitos de comportamiento que has mantenido en la vida física.

Incluso, quizás, tengas la sensación de “fracaso existencial” y “arrepentimiento” de todo en lo que has fundamentado la vida física.

Además, como consecuencia de lo anterior, también tendrá una sensación de remordimiewnto sin posibilidad de la liberación que proporciona el arrepentimiento durante la vida física. Y es que tras la muerte ya no habrá posibilidad de cambiar de rumbo ni de solicitar perdón a nadie, ni siquiera a Dios.

Me pregunto si no será este tipo de desazón parte del desagradabilísimo estado de ánimo que sugiere la Biblia mediante las metáforas del fuego, el llanto y el crujir de dientes.

En cualquier caso, yo diría que, si realmente Dios existe, también habrá existencia más allá de la vida física. Y las expectativas para los que opten por “cara” en este “cara y cruz” al que estamos obligados a jugar son de “perpetua y monumental pérdida”.

 

Una reflexión marginal

Mientras redactaba el segundo párrafo del apartado “La ganancia, caso de que Dios no exista” me he preguntado mentalmente cual sería la pérdida o ganancia para el resto de la sociedad consecuente al comportamiento de individuos como los descritos en ese párrafo. Opino que es una reflexión interesante, pero que no la abordaré en este post.

 

Lectura en linea del libro "Pensamientos" de Blaise Pascal.

 

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