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En una reciente “charla” de café surgió el tema de los impuestos: su necesidad, su justicia, el abuso, el mejor sistema recaudatorio, etc. Bastante acuerdo había en la necesidad de pagarlos, y también que debían de ser proporcional al nivel de riqueza de cada contribuyente. La discrepancia empezaba a la hora de clarificar la idea de proporcionalidad aplicada a los tipos impositivos.
Estaba claro que si se ganas más, se debe pagar más. Algo así como en el juego de la “soga tira”: el que tiene más capacidad (más fuerza) tira más, colabora más en la “empresa” de arrastrar al equipo contrario. Eso es solidaridad en función de la capacidad.
También estaba claro que, a grandes rasgos, si se gana más es porque se ha generado más actividad; laboral, o empresarial. Y el hecho de generar más actividad supone hacer más uso de los servicios que el país pone a disposición de los ciudadanos; y que deberá costear mediante los impuestos. Así, pues, si haces más uso de los servicios del estado, es lógico que contribuyas más en su financiación.
Pero tanto la proporcionalidad en el esfuerzo solidario como la contribución en función de la mayor utilización de servicios se consigue con una tasa impositiva fija: Si todos pagamos el 10%, el que gana 100, pagará 10, y el que gana 5000, pagará 500. El que gana 50 veces más, paga 50 veces más impuestos.
Entonces, ¿por qué establecer tipos impositivos progresivos? ¿Por qué si el que gana 100 paga conforme a un 10% (es decir: 10), el que gana 5000 no basta con que pague 50 veces más (500), sino que debe hacer frente a tipo impositivo más alto, por ejemplo, el 30%, para que en vez de pagar los 500 (lo razonable según los dos párrafos vistos poco más arriba) deba pagar 1500, es decir 150 veces más. Y ya no decir lo que pretendía Hollande, que los ricos pagasen el 75%, es decir: 3750, lo cual supondría pagar 375 veces más).
La respuesta vino por la vía de la “justimentaleza” (algo así como la “justicia que proviene del sentimiento”, no de la razón). El que parecía mejor informado aclaró: “Es que los impuestos no sólo tiene la función de cubrir los gastos del sistema. También tienen la función de redistribuir la riqueza”.
En ese punto me “quedé en albis”. Sobre todo cuando con rotundidad añadió: “Sí, lo dice la constitución: 'los impuestos son para pagar los servicios que todos usamos y para redistribuir la riqueza' ”.
Dejé la charla de con el firme propósito de informarme mejor sobre la funciones que la constitución asigna a los impuestos, y sobre el concepto de “redistribución de la riqueza”, su necesidad o conveniencia y las mejores formas de conseguirlo; supuesto que sea preciso conseguirlo. Y es lo que he hecho a ratos sueltos:
Para la próxima entrega sigo con la Redistribución de Riqueza. Mientra puedes reflexionar tu:
¿Es bueno que el estado “redistribuya la riqueza”?
¿Hay otras alternativas?
¿Son los impuestos la mejor vía de distribución?
¿Aporta la Biblia algún criterio para decidir sobre esta cuestión?
...
Nota: Si quieres repasar la constitución para intentar encontrar donde atribuye a los impuestos la misión de redistribuir la riqueza, pincha aquí.
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